Limpieza Grafitis

Uno de los problemas más habituales en las fachadas, escaparates, puertas, mobiliario urbano y transportes públicos es el de los grafitis. Prácticamente ninguna superficie se escapa de las pintadas que ensucian las ciudades, una práctica que se ha convertido en un quebradero de cabeza para los propietarios de edificios, empresarios y administración pública.
Los grafitis invaden nuestras ciudades. Cada poco surgen nuevas pintadas en fachadas de edificios, mobiliario urbano y locales comerciales. Cualquier superficie es susceptible de ser “decorada” con una pintada de estas características y el vidrio no es una excepción. 
Los grafitis no solo afean las fachadas de edificios y locales. Si no se eliminan a tiempo pueden dañar las superficies de forma permanente. Por este motivo es tan importante realizar una limpieza de grafitis tan pronto como sea posible e instalar posteriormente láminas antigrafiti para prevenir daños costosos de reparar.
Mantener en perfecto estado el escaparate de tu negocio es una ardua tarea que puede verse complicada por actos vandálicos como arañazos, grafitis o pintadas. Estas “firmas” deterioran la imagen de tu negocio, por lo que lo más recomendable es eliminarlas cuanto antes. 
Los grafitis y las pintadas en las fachadas o superficies exteriores de los edificios son el pan de cada día. Estos actos vandálicos, junto con las manchas a causa de la polución y otros agentes externos, no solo devalúan el inmueble sino que pueden dañar los materiales seriamente. Una superficie muy deteriorada requiere una restauración muy costosa para devolver al edificio su aspecto inicial. 
La limpieza de grafitis y pintadas es un trabajo duro y complejo de solucionar. El motivo es que los productos que se utilizan para realizarlos, como rotuladores, aerosoles, ácidos, esmalte de uñas y otros, penetran en las superficies hasta tal punto de dejar incrustaciones que no se pueden eliminar con productos domésticos. Estas incrustaciones, conocidas como “sombras”, pueden penetrar en el material hasta un centímetro de profundidad en las superficies más porosas, como piedra, madera o ladrillo.